Anteayer piqué; es decir, me convertí en una víctima más del multimedia doméstico y compré un disco duro conectable directamente al televisor. La marca era buena (Woxter) y el comercio era especializado (PC-City) y no cabía esperar que nada funcionase mal pero lo hizo.
Además de que el disco se quedaba colgado sin reiniciar al concluir el formateo, no encontraba manera humana de conectarlo a la red inalámbrica. El motivo era especialmente estúpido: El teclado virtual que aparecía en la pantalla del televisor no era completo.
Al devolver el disco en el comercio, me aseguraron que eso era porque no tenía configurada correctamente la pantalla. Me llevé otro disco idéntico y, al inicializarlo, formateó correctamente pero, al ir a conectarlo a la red, me ocurrió exactamente lo mismo.
Partamos de que artículos de consumo como el indicado DEBERÍAN estar preparados para un usuario medio y, modestamente, creo que estoy algo por encima de ese nivel, a pesar de lo cual el disco me daba otra vez problemas.
De repente, se me encendió la bombilla al ver que el teclado virtual "incompleto" abarcaba los números del 0 al 9 y las letras de la A a la F sin distinción de mayúsculas y me dije: "¡Eureka; hexadecimal!", reflexión que, fácil observar, está al alcance del usuario promedio de equipos multimedia caseros.
A partir de ahí, la cosa fue fácil: Buscar en la web un conversor de códigos ASCII a códigos hexadecimales y traducir la clave de acceso de mi red inalámbrica a hexadecimal e introducir el código resultante en el teclado virtual. Se acabaron los problemas.
Para un hacker el proceso descrito debe ser algo así como de parvulario pero para un usuario medio, el supuesto destinatario del producto en cuestión, la descripción debe encontrarse a medio camino entre el chino y el sánscrito y, por supuesto, el manual que acompaña al aparato no dice nada de esta cuestión y en la tienda se quedaron con su idea de pantalla mal configurada. En fin, la infomática de consumo al alcance de cualquiera.
Partamos de que artículos de consumo como el indicado DEBERÍAN estar preparados para un usuario medio y, modestamente, creo que estoy algo por encima de ese nivel, a pesar de lo cual el disco me daba otra vez problemas.
De repente, se me encendió la bombilla al ver que el teclado virtual "incompleto" abarcaba los números del 0 al 9 y las letras de la A a la F sin distinción de mayúsculas y me dije: "¡Eureka; hexadecimal!", reflexión que, fácil observar, está al alcance del usuario promedio de equipos multimedia caseros.
A partir de ahí, la cosa fue fácil: Buscar en la web un conversor de códigos ASCII a códigos hexadecimales y traducir la clave de acceso de mi red inalámbrica a hexadecimal e introducir el código resultante en el teclado virtual. Se acabaron los problemas.
Para un hacker el proceso descrito debe ser algo así como de parvulario pero para un usuario medio, el supuesto destinatario del producto en cuestión, la descripción debe encontrarse a medio camino entre el chino y el sánscrito y, por supuesto, el manual que acompaña al aparato no dice nada de esta cuestión y en la tienda se quedaron con su idea de pantalla mal configurada. En fin, la infomática de consumo al alcance de cualquiera.

