Las discusiones a cuenta del emplazamiento del almacén de residuos radiactivos han sacado a relucir la habitual porquería política o, si se prefiere, la habitual porquería de políticos que padecemos.
Esta misma mañana escuchaba a uno de los alcaldes que quieren optar a tener el almacén de residuos en su municipio y le daba un repaso a su jefa de filas, en esta ocasión del PP, que había manifestado una conducta tan estúpida como la ya vista en el otro lado: Ante la pregunta sobre si su partido le iba a expedientar, la respuesta del alcalde fue que él, al igual que los demás concejales, era un autónomo que no vivía de la política. Era un claro mensaje para su jefa y el hecho de que no añadiera "como tú" no le restó lo más mínimo en cuanto a claridad.
El asunto es viejo y su última manifestación había sido el asunto del cierre de Garoña. El Consejo de Seguridad Nuclear emitió un dictamen positivo, dictamen que fue pasado por el forro con la excusa de que "no era vinculante".
Veamos qué significa no ser vinculante: Si un organismo regulador emite un informe negativo, sí es vinculante porque implica que la central se cierra y punto. Por el contrario, si el informe es positivo, significa que no hay objeciones desde el punto de vista técnico y cualquier decisión que se tome, sea positiva o negativa, va a ser de carácter político.
Ahora, sin embargo, habría que hacer una distinción entre conceptos: "Política" no es lo mismo que "discrecional", es decir, se supone que una decisión política no está tomada ni por el capricho del momento ni por las manías particulares de un iluminado sino que está basada en unos planteamientos políticos.
¿Cuáles son esos supuestos planteamientos si hay alguno que vaya más allá de la pura discrecionalidad o capricho si se prefiere denominarlo así? Ninguno; somos deficitarios en energía que estamos importando de Francia que, por cierto, produce más del 70% con centrales nucleares, tenemos en consecuencia una energía cara y, por añadidura, las centrales nucleares son, dentro de las opciones económicamente viables, las que menos emisión de CO2 producen. Insisto: ¿Cuáles son las razones más allá del mero capricho? La excusa de que el dictamen del Consejo de Seguridad Nuclear no es vinculante no basta por las razones comentadas.
Después de ese circo que, lamentablemente, era muy poco variado porque sólo había payasos, ahora tenemos el circo de la basura nuclear y parece que sus componentes van a ser otra vez del mismo gremio.
En primer lugar ¿por qué tienen que meter las narices las comunidades en un asunto que les corresponde a los ayuntamientos? Los reyezuelos o aspirantes a serlo no han dejado de salir diciendo si quieren o no quieren el almacenamiento en SU comunidad pero resulta que, en esto, quien tiene que decidir son los ayuntamientos que,en el caso de los pequeños, no están dirigidos por políticos profesionales y tienen una visión de la jugada más directa y no mediatizada por los objetivos políticos de sus teóricos jefes a los que, si les sueltan una coz del estilo de la de esta mañana, les está muy bien empleada.
Desconozco a qué abismos de estupidez va a llegar nuestra clase política y si el resto nos vamos a dejar arrastrar pero parece que basta con ponerle una etiqueta política a algo para que las decisiones que se tomen al respecto sean cualquier cosa menos racionales.
Los ejemplos son múltiples: Al parecer, la energía nuclear es de derechas y la eólica de izquierdas, construir trasvases es de derechas y construir desaladoras es de izquierdas, defender el uso del español en España es de derechas y atacarlo es de izquierdas y podríamos continuar con el rosario de estupideces movidas por las alianzas del momento, a veces totalmente contra natura, o por los intereses propios. En esta situación, tenemos el ejemplo de que si el partido propio envía al ejército a una misión, ésta es de paz pero si lo hace el contrario, la misión es de guerra o se pide claridad sobre un accidente en el que mueren militares pero se mantiene el más riguroso secreto sobre otro.
Éstos son los políticos que tenemos, de uno y de otro color, y por desgracia han tomado como cosa propia las decisiones referentes a la energía nuclear y, como consecuencia, a la basura nuclear van a añadir la suya propia que a veces es más repugnante y hasta más dañina.

