A cuenta de las defensas y ataques a Garzón, algunos ya estamos hartos de que toda la argumentación se centre en descalificaciones mutuas.
No diré que las descalificaciones de uno y otro signo no tengan razón de ser. Tanto entre los que lo defienden como entre los que lo atacan existe una notable cantidad de profesionales de la política, de los sindicatos o asimilados que simplemente defienden sus intereses. Si, para hacerlo, mañana tienen que defender o atacar lo contrario de lo que defienden o atacan hoy lo harán pero, además, tenemos que comenzar por introducir un elemento causado por el propio Garzón: Quienes defienden o atacan a Garzón no lo hacen en calidad de juez sino de aliado o adversario político y eso, evidentemente, obedece a la trayectoria seguida por Garzón en ese ámbito:
Garzón comenzó persiguiendo los GAL para, a continuación, ir en las listas del PSOE al Congreso inmediatamente detrás de Felipe González. Cuando éste no le nombró ministro, Garzón se volvió a su juzgado para retomar el caso GAL y tratar de encarcelar a Felipe González. No lo consiguió pero sí lo hizo con el que entonces era ministro del Interior y con su secretario de Estado. Garzón ha pedido la extradición de Pinochet pero no ha actuado cuando le han solicitado que actuase de igual forma con Castro, rechazó juzgar a Santiago Carrillo por la masacre de Paracuellos alegando correctamente que había en vigor una ley de amnistía, ley de la que se ha olvidado en la instrucción de la causa sobre el franquismo e incluso a la que le niega ahora validez -a pesar de haberla aplicado antes- por entender que la legislación internacional debe estar por encima. Garzón ha sido un aliado importante y tiene aún bajo su manto protector un caso en el que la propia policía avisaba a miembros de ETA para facilitar su fuga y, hasta hace poco, ha estado instruyendo un caso de corrupción que afecta al principal partido de la oposición, debajo del cual está la sospecha de financiación ilegal del propio partido.
Todos estos elementos son sobradamente conocidos en España pero, cuando se llega al extremo de que las manifestaciones en favor de Garzón se producen también en Buenos Aires, puede resultar información nueva para algunos de los manifestantes. En suma, Garzón está siendo defendido y atacado por políticos en defensa de sus propios, y a veces absolutamente bastardos, intereses.
No es a ese tipo de gente a la que va dirigido este comentario sino a los que, movidos por buena fé y por convicciones, se han alineado con la defensa de un personaje que trata de vestirse con los ropajes de "justiciero universal" cuando sus actos pasados y presentes dejan claro que no es y probablemente nunca ha sido un juez sino un político y es a ese simple hecho al que se dirigen defensas y ataques.
Por todo esto, tanto la defensa como el ataque pueden ser vistos como una especie de pelea de hienas en la que se puede haber mezclado gente de buena fé que, en mi opinión, está equivocada. Daré mis argumentos sin insulto alguno porque la gente a la que se dirigen tales argumentos no merece insultos. Otros sí...esos son las hienas a que me refiero y están en los dos bandos, tanto defensores como atacantes.
Creo que para intentar comprender la actuación de alguien, cuando ésta es movida por la buena fé, lo primero que es necesario es tratar de ponerse en su posición. Aunque eso no implique estar de acuerdo, sí se puede llegar a entender el mecanismo por el que se llega a esa actuación.
Veamos: Es posible que haya personas que crean que juzgan a Garzón porque ha querido investigar el franquismo y el resto son excusas. Comencemos entonces hablando de las excusas para ver si son tan insustanciales:
La causa sobre el franquismo es sólo una de las tres que tiene abiertas Garzón: La primera de ellas por pedirle dinero a un banquero que tenía una causa abierta en su juzgado, causa de la que no se inhibió y que resultó finalmente archivada. La segunda por poner escuchas en las conversaciones entre abogados y detenidos, acción que atenta contra los más elementales derechos de los detenidos.
Aceptemos como hipótesis provisional que alguien quiere ir contra Garzón por investigar el franquismo. Empecemos por señalar que la propia fiscalía de la Audiencia Nacional criticó duramente a Garzón por su actuación, crítica que fue publicada en el periódico que más lo ha estado defendiendo:
http://www.elpais.com/articulo/espana/fiscal/acusa/Garzon/crear/inquisicion/causa/Memoria/elpepuesp/20081020elpepunac_9/Tes
No olvidemos que los jueces teóricamente son independientes pero la fiscalía es un órgano que, como es notorio, recibe instrucciones del Gobierno que es quien nombra al fiscal general. La solución que ahora pretenden algunos de que no sirvan las acusaciones populares sino que la iniciativa tenga que partir siempre del fiscal representaría abrir la puerta a la más abyecta de las dictaduras -se investiga lo que le apetezca al gobierno de turno y, si no es así, no se investiga- pero, en este caso, ni siquiera esa solución dictatorial habría servido. Hasta que el fiscal de la Audiencia recibió instrucciones de su jefe, el fiscal general, su posición era claramente contraria a Garzón como puede verse en el artículo.
Efectivamente, un grupúsculo de extrema derecha hoy marginal se encontraba entre los acusadores. Supongamos, también como hipótesis provisional difícilmente sostenible después de leer los argumentos de la fiscalía, que Garzón tenía legitimidad para asumir esa investigación sobre el franquismo y hagamos una pregunta:
¿Haber investigado sobre el franquismo es causa suficiente para disculpar los otros dos asuntos? Estamos hablando de violar los derechos de los acusados y de reclamar dinero a una persona con una causa pendiente en su juzgado...si la respuesta es positiva, estamos abriendo de par en par la puerta a la dictadura con el argumento de que los méritos pasados disculpan desafueros presentes, sean éstos cuales sean. Dicho de otra forma, las dos restantes acusaciones no son en absoluto insustanciales y son, con toda probabilidad, las que le van a costar a Garzón la salida del juzgado.
Sin embargo, los defensores de Garzón han puesto el foco sobre la causa relativa al franquismo. Garzón sabia que no tenía competencia sobre tal causa y que había una ley de amnistía que él mismo aplicó a Santiago Carrillo en su momento. Por cierto, la propia fiscalía de la Audiencia Nacional criticó a Garzón por este asunto: ¿Se le olvidó esta ley o su aplicación es de carácter discrecional? El argumento que se maneja ahora de que, aunque haya una ley de amnistía, debe prevalecer la internacional parece una broma: En primer lugar, porque él mismo ha utilizado esa ley que ahora rechaza y, en segundo lugar, porque un juez español nunca puede utilizar tal argumento puesto que su función es aplicar la ley del país en el que tiene competencia como juez, en este caso, en España.
¿Por qué se coloca el foco sobre la causa del franquismo y se olvidan las otras? Digamos que se está preparando la salida de Garzón y, si se consigue colar la especie de que es expulsado de la judicatura por atacar al franquismo, se puede colocar sus ropajes de héroe y justiciero universal y continuar, desde esa cómoda posición, dando conferencias pagadas a precio de oro a quienes aún no lo conocen o, si lo conocen, lo consideran amigo. Salir expulsado por corrupto no es una etiqueta brillante para el futuro; salir expulsado como "luchador que no ha podido con una trama fascista" viste mucho más.
La salida de Garzón, que intentó una última maniobra de ser enviado al Tribunal Penal Internacional horas antes de su suspensión, le abre un brillante futuro como conferenciante en su papel de víctima. Probablemente, otros situados en posiciones hoy más altas no van a tener siquiera ese futuro.
Que los políticos y asimilados sigan defendiendo y atacando al aliado o al adversario pero, por favor, no ofendan la inteligencia de la gente medianamente informada.